“Bien sabe el hombre erudito,
Que de todos los amores conocidos
El de más mérito, el más alto, el infinito,
Es aquel jamás correspondido;
El imposible, el ideal,
El meta-físico, terriblemente mortal.
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Sólo existe una forma de amar:
Pocos son los desdichados (Afortunados?) que la conocen.
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No existe cosa más bella que amar sin esperar nada…
Ni nada más doloroso.
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No la tuve entre mis brazos,
Ni gocé de su favor;
No logré robarle un beso
Y, sin embargo….
Sé lo que es Amor.
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Dirás que es del todo imposible,
Que no la toqué, ni la abracé, ni la besé.
Te mofarás de mí enseñándome
Tu larga lista de inútiles conquistas…
¡y te vanaglorias de ello!
Tan sólo a una amé y lo celebro:
Sólo obtuve dolor y sufrimiento…
Aún hiere, mas no me arrepiento.
Yo, pues, tuve la dicha de conocerla
Y, pese a todo, sé lo que tú ignoras:
Aquello que es Amar.”
“Ella descansaba, recostada en el sofá,
Con los ojos rasgados, vencidos por el sueño.
Su mirada, otrora viva, tímida ahora,
Era una finísima línea de violeta eterno
Que asomaba por la frontera del párpado.
Su cuerpo, como el cuello de un cisne,
Se dejaba ver elegante, y a la vez agotado
Consumido por un amor reciente y ya pasado,
De cuya evocación siempre recuerdos tristes
La hundían en la mullida penumbra del sofá.
Ella suspiraba, consciente: habíase ido.
Suspiraba de nuevo, pues jamás regresaría.
Ella respiraba aún, y su aliento cargado de rosas
La cámara silenciosa inundaba de rocío.
Criatura delicada, liviana, etérea
Aparentemente frágil, decididamente bella;
En ocasiones despierta, siempre risueña,
Juvenil, empero trascendente, así era ella.
Ahora su imaginación la transportaba
A aquel invernadero, Edén artificial
Donde recibió su primer beso.
Cargada de inconsciente felicidad lloró,
Sabiendo que aquel eterno instante
El Destino lo cobraría más adelante.
Que si entonces dulces eran las lágrimas,
Temprano o tarde -siempre pronto-
Se tornarían, como la hiel, amargas,
Al caer del labio en su boca de mil rimas;
Caerían sí, pesados glaciares en deshielo,
Deslizándose por sus mullidas mejillas-
Mullidas como el sofá de terciopelo.”
“El reloj de músculo siempre fue un individuo encaprichado,
Sus manecillas siguen una extraña, alocada secuencia,
Baile ilógico que escapa a la inexorable consciencia,
A los invisibles hilos del Tiempo, dictador anciano.
Sin motivo aparente su incierto mecanismo se acelera,
Y chirrían, a su aire, tuercas, tornillos y bielas.
Otras veces aparece deprimido, sin vida, sin ruido,
Y se hielan los recuerdos, pesadas estalactitas,
Silenciosas puñaladas de memoria, sin motivo,
Incesantemente recreadas, ¡tortura maldita!
Encerrado en un iglú, detenido se retuerce
Esperando la estación liberadora;
Ilusión y esperanza, y a un tiempo,
También dolor, y suspiros, y anhelo,
Deseo que no permite demora.”
I
“Fue una tarde de Primavera temprana:
Era Abril y yo un ateo en el Amor.
Iba paseando, inquieto, como buscando
Aquel sentir del cual mi Fe renegaba.
Mas cuando desplegando sus alas, henchido
De dulces melodías habló el ruiseñor;
Cuando el Destino a mi paso quiso
Que él pletórico alzara su voz,
Entonces, inevitablemente, me postré y creí,
¡¡me postré y creí!!
Como antes otros lo hicieron.
Cegado por su voz, por completo hipnotizado
Me acerqué… me acerqué hasta quemarme de pasiòn.
Y con estos ojos, ahora ciegos, ví
Que no era el bendito pájaro sino el violín de Dios.
Y Dios…una muchacha de azules esferas
Y cabellos rubios, radiante como un sol.”
II
“Verdes bucles de raso a la puerta tímidamente asomaron,
Acariciando, elegantemente plegados, el mármol inerte.
Extraña imagen, primera en que mis ojos repararon,
Desde entonces irremediablemente encaprichados
De su Destino cruel, de su fatal suerte.
Ocultos los piel bajo la textil esmeralda, ésta cobraba vida,
Y así, movida por secretos resortes, por invisibles fuerzas,
Se deslizaba ingrávida tras la finísima cortina.
Transcurridos los eternos segundos, apartóse el etéreo velo
Y ya le fue imposible disimular su belleza:
En ninguna otra criatura puso Dios tanto celo.
Un inesperado aroma de intranquilidad sacudió mi alma,
Revelando de mi mortal imperfección la dolorosa consciencia,
Descubiéndola por vez primera, mi letal carencia,
Mi deseo - su rubia cabeza -, mi desasosiego.
Impregnado de su visión mi voluntad se evapora:
Confundiéndose con la suya, el mundo difuso se torna
Y sólo ella aparece nítida ante mí; para el resto soy ciego.
Ahora, extinta su presencia, vuelve de la soledad la calma
Y vacío de amor, en vano busco su Karma
A través de inhóspitos parajes, en urbanos desiertos,
Vagando sin rumbo, desconcertado por falsas corrientes,
Por concurridas plazas y frívolos ambientes.
Enfermo incurable de su amor, su cancerígena mirada me persigue
Invadiendo huesos, piel, pensamientos y versos;
Permanentemente en trance, desvelado por un gesto,
Una sonrisa suya, un guiño…y estoy muerto.
Vivo en un extraño mundo de un solo habitante,
Y éste me es esquivo, siempre ausente, distante. ”
III
“Si el mañana oscuro se presentara
Con espesos nubarrones en el cielo,
Y el sol ya nunca se asomara
A derretir el eterno Enero.
Si Fortuna y amigos ese día
Gris maldito, me abandonaran
Y perdido sin rumbo ni guía
Por el mundo en ruinas caminara.
Si en esa noche estrellada
El Norte fuera Sur y el Oeste, Este;
Y el Amor fuera Odio y todo cambiara,
Aún algo me quedaría: tu sonrisa, tu cara.”
IV
“Si en ocasiones me encuentras taciturno,
Y mi espíritu se te muestra reservado,
Ten en cuenta que no es capricho mi estado
Sino hechizo que tus ojos regalaron
Al posarse cual dos astros errabundos
Sobre mi triste mirada de cristal mojado.
Quien los ha visto ya nunca olvida
Y se arrastra, vacío por el mundo,
Anhelando ver de nuevo tal proeza:
¡vivientes joyas que el corazón suspira!
…anterior a ellas nada recuerda.
Consciente o dormido, cerrados mis ojos o abiertos
No puedo apartarlos de mi pensamiento.
Doquiera que vaya, despierto o en sueños,
Al doblar cada esquina me los encuentro.”
V
“Amar en la distancia,
Amar sin ser amado,
Es cosa de importancia,
Mas hay que estar chiflado
(o enamorado)
Amar sin ser amado,
Y hacerlo con constancia
Tiene su relevancia
Por más que sea ignorado.
Amar constantemente,
A quien de uno reniega,
Amar de forma ciega,
Es cosa de inconsciente.
Olvidarse de la vida
Tan sólo de ella pendiente,
Tener la mente perdida
En su nívea frente,
No es algo que se acepta
Sin más, alegremente,
De mal grado normalmente,
Salvo si enamorado:
Nada entonces afecta.
Y es que estoy chiflado,
Soy un inconsciente,
De corazón ignorado,
Y palpitar incandescente.”
VI a)
“La amo como la marea ama a la luna,
Como se aman desgracia y fortuna.
La amo como las rosas aman la Primavera,
Como los gordos aman la nevera.
La amo como el loco ama su locura,
Y el sabio su cordura.
La amo como el Sol ama los planetas,
Como el niño ama las piruletas.”
VI b)
“La amo como ama el árbol la resina,
Como se aman levadura y harina.
La amo como sus zancos el enano.
Como Thelonius Monk amó su piano.
La amo como lo hacen esfuerzo y resultados,
Como sonrisa y enfado.
La amo con la pasión misma de Fausto y Margarita,
Como lo hacen el ladrón y Santa Rita.
Somos uno, como Simon&Garfunkel,
Como el vídeo y el Telefunken.
La amo a lo loco, sin ton ni son,
Incomprensiblemente, como negro y algodón.”
VII
“Cuando a mis ruegos cierras tus oídos
Y, volviendo tus pasos me ignoras;
Cuando sin haberme conocido,
Negándome una oportunidad me abandonas,
Te equivocas.
Cuando en tu soledad sorprendes
A tu pensamiento en mí ocupado
Y, cegada por no sé qué fuerza le reprendes,
Prohibiéndole añorar momentos pasados,
Te equivocas.
Cuando crees encontrar la felicidad
En brazos de otro afortunado;
Cuando a él tu amor has entregado,
Bien sé que te remuerde la fatalidad
De sentirte equivocada una vez más.”
VIII
“Su rostro acariciando mis torpes manos
Aún caliente perdura en mi recuerdo,
Buscando algún pedazo de corazón olvidado,
Restos de un dañino amor que a mi pesar conservo,
Amarrado a mi poética existencia.
nocivo Destino, qué pócima maldita me diste a beber
aquella noche de Abril en que sus ojos miré.
Pues vi allí, en un instante, mi vida:
Intuí entonces la causa de mi presencia.
Ví en sus ojos el misterio que la ciencia
En vano a descifrar aspira.
Allí ví, sí, amor en eterno presente-
Ni futuro ni pasado: para siempre
Hoy cegados mis ojos, cerrados mis versos,
Observo desde el borde del pozo mi alma
Perdida en la indolencia de su calma.
Con asumida rabia lanzo su nombre al viento…
Catársis vana del enamorado,
que transforma su amor en eco!!
El eterno mensaje permanecerá sin respuesta…
¡¡¡Respóndeme!!!
Odiándome o queriéndome,
Mas no callada.”
IX
“…y entonces llegó el momento esperado,
La hora exquisita en que nuestras almas se cruzaron.
De motu propio el Tiempo se detuvo
Para contemplar embelesado el inusitado éxtasis
Y concedernos así una eternidad inconsciente,
Brevemente trascendente.
Mas, de repente, azorada la mirada retiraste
Y las dos estrellas se volvieron fugaces,
Descubriendo yo en ese gesto traidor
Que tu amor era fábula de mi imaginación.”
X
“Vano e inútil es todo mi esfuerzo
Por conseguir de ella un amable gesto.
Dardos mellados son mis versos
En su corazón de amor desierto.
Porfío así, lucho a sabiendas
De su indiferencia y su desprecio:
Mi tragedia es saberme excluido,
De su amor ni objeto ni prenda.
Y ya entiendo que nada queda,
Que inútil es pelear;
Que si dos no quieren
El amor no llega.”
XI
“Cada momento que a solas
Con mi corazón me encuentro;
Por mucho que intente el tiempo
Ocupar con gente y cosas;
No importa, al final siempre llega
Fría la soledad que abrasa.
Heladas mis entrañas reflexiono,
Me pregunto maldiciendo
Y juzgo, mas no entiendo,
Y con mi estrella me encono:
Si Él quiso que yo tuviera
La dicha de conocerte;
Si Él que todo lo sabe
Me creó para verte…
Dime,
¿te dijo a ti acaso
Por qué siendo tú mi fin
Me negó tu corazón?
¿por qué tenebrosa razón
me descubrió la felicidad
haciendo realidad mi sueño
para después, inmediatamente,
arrebatármelo en una noche maldita,
cruelmente, Él, que se supone
que es Perfecto, Bondad Infinita?
Será que sus razones son tan altas
Que yo no las comprendo. Ni quiero:
Despojar al enamorado de su tesoro,
Sin vida, el alma pisoteada,
Nunca fue, ni puede ser bueno.”
XII
“Aún sobre la polvorienta mesa veíase
Oscurecida por silenciosos años de soledad,
Consumida alrededor de la rosa, una botella.
Su amor en el tiempo fue vano, estéril su abrazo:
La rosa aparecía marchita, extinta su antigua beldad.
Inútiles también, junto al cadáver, yacían despreocupadas
Las cartas, los poemas, las palabras de amor rechazadas…
Aún leíanse los sentimientos intactos, ya inertes;
Percibíase el aroma, el perfume del adiós en el ambiente,
Y el sangrante trazo del beso suicida que recibió con tristeza.
¡Y es que su Amor fue tan grande…
y su indiferencia tan constante!...
Acaso como la botella y la rosa,
Que, marchita, ahora se lamenta:
“¡mejor estarías, mujer, muerta!
Juzgar Amor así a la ligera…””
XIII
“No importa que las flores olviden
Su timidez invernal y ardorosas
Muestren ahora el esplendor de su juventud.
No importa que los pájaros anuncien
Con canciones de amor primorosas
De las mujeres su gracia y virtud.
No importa que la brisa acaricie
De los árboles las copas suavemente,
Ni que la lluvia aparezca de repente,
Para aliviar los calores de la molicie.
En verdad poco importa, y me es indiferente
Que mañana yo despierte
-que el mundo permanezca o reviente-
pues, desde que ella se fuera
para mí no existe más Primavera.”
XIV
“Sumida en extraños pensamientos,
Mi mente al profundo abismo
De la tristeza se asoma:
Mi cuerpo inerte, de mi mismo
Alma, resignado, se enajena.
De errores pasados me arrepiento,
De momentos vividos y de penas
Que solo conoce el que se encuentra
Desolado, como Dios, perdido,
Sin remedio hundido en medio
De un verdadero amor no correspondido.”
XV
“De mi soledad ya corona el puerto
El antiguo lamento que en vano
Trato de esconder a mis recuerdos.
Sube con dificultad, quejumbroso,
Arrastrando pesados fardos carnosos
Sobre la encorvada espalda.
Cansado, se tambalea por la carga,
Mas es inexorable la certeza
De que, salvando todo obstáculo,
Llegará de nuevo a la meta
Para atormentar mis oscuras noches
Con los diplomáticos reproches
De un amor pasado y querido;
De profundas heridas
Del que aún soy cautivo.”
XVI
“Es a mi pesar un gozo
El saber que no me amas,
Pues ahora tranquilo llorar puedo,
Ahogar tu recuerdo en mi sollozo.
Las ruinas de mi corazón son ya certeza;
Sin la duda de tu querer ya nada oprime.
Tu sincero adiós me ha liberado
Del ligero yugo que como esclavo
Tuyo hasta el final soporté con entereza.
Y ya da igual si mi amor fue paroxismo,
Si mis lágrimas eran ciertas, si tus mentiras
En mi ciega veneración hicieron mella
O desde el inicio fue todo un espejismo.
Que quizás bajo tu divina apariencia
Ocultabas otra siniestra existencia:
¡aún clavados siento tus dientes!
¡quizás nunca curen las heridas!,
de tu fatal veneno, mi áspid…¡¡mi vida!!”
XVII
“Este esquizofrénico espíritu que en mi habita
Sus repentinamente violentos, cambiantes estados
Zarandean mi alma maldita
Con fugaces éxtasis, con anhelos funestos:
Aquí, ahora, extrañamente feliz,
Efímeramente engañado por la jugosa perdiz
Que a todos se nos promete al final del cuento.
Mas, terminada la pitanza, ¿de qué me sorprendo?
¿por qué de mi desdicha sólo entonces me lamento?
Bien sabía que en la Tierra sólo lo malo es eterno.
Y así me verás, de nuevo en mi natural estado:
Allí en la pétrea colina, triste, estoico, solitario;
Desafiantes mis cabellos al viento, melancólico, huraño.
Sorprendido, incrédulo, quizás indignado, preguntas
Si siempre fue así: “¡sabe Dios si es cierto!
También habría días perfumados en mi vida”- te contesto.
“aunque – prosigo- verdad o mentira, la pasada dicha, la presunta,
si alguna vez fue, ya se ha ido, con su recuerdo”.
Antes que ella nada queda en mi cerebro:
Aquel escalón lo subí hace ya tiempo,
Y el temor al vértigo hace imposible volverme
Atrás y contemplar el feliz agujero negro,
Los oscuros maravillosos años
perdido en su desconocimiento.
Aún no sé con qué misteriosa ponzoña
Untó Cupido sus preciosas, crueles flechas:
Sólo sé que la herida que ella abrió no cierrra.
Tampoco sé, ni comprendo, por qué sus labios aparta
Impidiendo a los míos entre suspiros recoger
El balsámico antídoto que es su beso.
Algunos piensan que el verdadero Amor es imposible,
Elixir de inextinguible éxtasis, gozo eterno…
Quizás sea algo tan elevado que nos es incomprensible.”
XVIII
“Si alguna vez tus ojos azules preclaros
Sienten apagados el nostálgico recuerdo,
En la ya borrosa visión del tiempo
Lejano en que nuestras almas se encontraron.
Si alguna vez inquieta, en la noche reveladora,
Imposible dormir, activado el pensamiento reflexionas
Y, brotando una lágrima, suspirando encuentras
Que, sorprendentemente y por primera vez me añoras;
Si, aunque una única y solitaria vez siquiera,
Abriéndose tu profunda, femenina intuición dudas
De tu felicidad actual y, curiosa quieras
Recorrer conmigo una nueva senda, amorosa aventura;
Entonces recuerda bien, y no olvides nunca
Que mi Amor es más cierto que la tumba;
Que, siendo como me son del todo inciertos
Los caprichosos dictámenes de tu corazón,
Aún así, sin aparente criterio, lógica o razón,
Arropada en tu ausencia creció mi pasión.
Recuerda bien, siempre vigente, lo que ahora escribo:
Escogieras tú la hora, el día y el año al azar;
El momento propicio, la idónea situación u oportunidad…
Si alguna vez con amor de mí tus ojos se acordaran
Ten la seguridad que, muerto o vivo,
¡en ese fugaz instante también yo en ti pensaba!”
XIX
“Si alguna vez, a la luz de la alborada,
Una lágrima piadosa brota en forma de recuerdo
Y, recorriendo tu palmípedo cuello
Resbalando por tus umbrosos pechos
Alcanza tu gélido, pétreo corazón;
Si, en ese momento, estando yo ausente
Lejos ya, perdido en el pozo de la muerte.
Reconociendo entonces mi desinteresado amor
Naciera en tus entrañas la irresistible pasión;
Si de verdad como yo, me estimas más que a la vida
No dudes más: reúnete conmigo, el que eternamente espera
Y, blandiendo firme la hoja, ¡¡¡atraviésate el corazón!!!”
XX
“En un apartado rincón de mi despistado cerebro
Reposan, semiolvidados, tus recuerdos, mis memorias.
Es un lugar sombrío, perdido en un requiebro,
Acaso el último reducto de nuestra truncada historia.
En el devenir de mi vida, ocultos permanecen,
En esa maldita región, propósitos y proyectos:
Lo que pudo ser una vez y quedóse en potencia;
Aquello que soñamos en nuestra poética existencia.
Mas, de cuando en cuando, el dormido monstruo despereza
Y, movido por secretos mecanismos del Azar despierta.
Entonces, no importa el tiempo, lugar o fecha,
Que en esa estación querida tu imagen en mí resuena,
Floreciendo inusitadamente aquel umbroso rincón,
Invadiéndome de nuevo el fatal perfume de tu Amor.”
XXI
“Los versos ya no fluyen como antaño:
Perdida su inocencia, su frescura y candidez
Cada palabra escrita produce a mi corazón gran daño,
Clavándose cual oxidados puñales en mi vital timidez.
Desconsolado, emborrono y tacho buscando en vano
Las palabras perdidas, las mágicas expresiones de amor
En otros tiempos encontradas, casi improvisadas
Que ahora descansan, por siempre sepultadas
Junto a tu imborrable recuerdo,
De mi existencia tormento y aliento.
Sin ninfa ni musa, sin inspiración ni diosa
No es posible encontrarle sentido a la vida:
El hombre cobarde se aferra a una existencia penosa,
Mas el poeta, el estoico, el héroe, se suicida.”
XXII
“También yo puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir: “cae la noche y se oscurece mi pluma,
Y el papel protesta, rasgada su piel por mi trazo”.
Ajena, ella duerme ahora en otros brazos,
Y mis ojos lloran versos, y la esperanza se me esfuma.
¡Aún puedo escribirlos más tristes esta noche!
Y todas la noches que me quedan para recordarla.
De ella amor nada me queda, tan sólo reproches
Mas mi corazón moribundo se resiste a olvidarla.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche,
¡acaso tú también si la hubieras conocido!
Ya no me traspasarán sus ojos inmensos
Coloreados de cielo, ni sus labios tersos,
Ni sus dedos ávidos de carne hambrientos,
Ya de violeta insensible, gangrenados de olvido.
Recuerdo un tiempo en que eran versos los suspiros
Y nuestras cómplices miradas se encontraron en un beso.
También yo puedo escribir esta noche los más tristes versos.
Y me es fácil, pues mucho la quise y ella jamás lo hizo.
Su sonrisa fue un engaño, su belleza un hechizo.
Aquello no fue amor, mas deliciosamente parecido;
Falso éxtasis de sutil locura, vano delirio.
Yo, casi feliz, imaginando ser correspondido,
Y ella…sólo Dios lo sabe…¡ella se ha ido!
¿¡por qué me duele tanto, si nunca me quiso!?
¿por qué, entonces, estos amargos reproches?
¿entiendes que escriba versos tan tristes esta noche? ”
XXIII
“Triste me encuentro como un verso nocturno,
Y me muestro por ello huraño y taciturno.
Vencidos mis miembros por el sueño
Cansado, que acabe esta noche lamento,
Cuando la mía, eterna, se despereza,
Incapaz de vislumbrar amor entre la tiniebla.”