Al mortal la inmortalidad le parece inaudita, inalcanzable… pero para el inmortal (el Infinito) es del mismo modo la mortalidad lo que encuentra imposible. El solo pensar que su estado pudiera acabar, de alguna forma terminar, que algo a su alrededor tuviera un final... es algo que no contempla su naturaleza. Ni siquiera creo que pueda pensar en ello, pues para él todo es un instante sin principio ni fin- su pensamiento invariable, y su acción, inacción. Para el inmortal no hay movimiento ni cambio, pues todo cambio significa pasar de un estado a otro, y es en esa transformación donde el tiempo se manifiesta. Y el tiempo es propio y exclusivo de lo finito.
“¿puede lo infinito crear algo finito? ¿puede lo finito convertirse en infinito?”
Todo lo que el inmortal, el Infinito ve, lo ve eterno, pues Él todo lo abarca. El concepto de mortalidad no existe en Él, sino en todo caso fuera de Él… y por eso precisamente ni tan siquiera existe: Si existe lo inmortal, lo mortal no puede existir, pues nada es fuera de Él. Por esta razón nosotros también somos inmortales, en cuanto que somos Él. Pero como no somos conscientes de ello, de nuestra inmortalidad, nos preguntamos: ¿puede lo infinito crear algo finito?¿puede lo finito convertirse en infinito? ¿pueden convivir estos dos estados en un solo ser, en la materia? ¿es la materia entonces finita o infinita?
Lo que parece claro es que para percibir lo infinito, para ser consciente de ello, para desear la inmortalidad, se ha de ser primero mortal o, mejor dicho, creerse mortal.
Es por eso que quizás solo a través de la muerte podamos alcanzar la inmortalidad.